Siempre había deseado poder estar una tarde tranquilamente tirado en la hierba con ella a su lado. No podía imaginar que necesitaría un milagro para que aquello ocurriese realmente. Solo una noche en la que todo empezaba de nuevo, la luna brillaba y la lluvia caía con fuerza, la oscuridad le atrapó y no hubo manera humana de escapar. Tiempo transcurrido hasta que por casualidad un choque inesperado, está vez con la estrella más brillante de la noche más larga del año, le hizo ver que sus pequeños deseos no eran tan difíciles y que desgraciadamente solo había una manera de conseguirlos. Así que, con un buen puñado de razones en la mano, corrió hasta que no hubo tierra y en lo más alto del acantilado se arrojó hacía el vacío donde nadie le esperaba.
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