En el sofá, con una taza de café y una revista de hace años, está él jugando a ser mayor. No deja de darle vueltas al momento en el que todos los papeles se cayeron por la ventana. "Toda la culpa es de ella" se dijo a si mismo mientras se levantaba y se volvía a sentar. El frío entraba por las ventanas sin cristales y la lluvia empezaba a mojar la taza de café mientras unas gotas caían poco a poco por sus mejillas. Ya no sabía que movimientos hacer sin volver a confundirse, no tenía miedo, pero actuaba con precaución. Al final todo era igual y cuando la luna se volvía anaranjada, ella movía sus pies lentamente sobre las sábanas que horas atrás habían sido tiradas al suelo. Escondía la cara cada vez que él la miraba, se escondía apoyándose sobre su hombro, y él no preguntaba el porque pero cada vez que aquello pasaba aumentaba un poco más su felicidad.