Por los ojos de aquella cosa enana salían lágrimas negras. Había manchado toda la nieve con aquel color y se sentía como una flor entre miles de hierbajos. Los pies descalzos se encontraron con unas manos cálidas que la rodearon de abajo a arriba y de repente el sol se apagó y pasado todo, la lluvia los empapó y los depertó del sueño.
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